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RELACION VITAL Y CULTO
RELACION VITAL
Por su concepción de la unión vital, todo bantú sabe que vive en absoluta dependencia de sus antepasados. Su vida no es más que una participación y prolongación de la vida de sus progenitores, estén entre los vivos o en la comunidad de los muertos.
Tan estrecha es esta unión que su ruptura supondría para los vivos cegar la fuente de que proviene toda la fuerza para realizar su plenitud vital; para los muertos supondría también su muerte y aniquilamiento total. Los muertos al no ser venerados o recordados por su nombre por sus descendientes, pasan a un estado de despersonalización, de anonimato o «pervivencia colectiva», dejando de ser miembros formales de las familias humanas. De ahí, el interés por parte de los vivos y de los muertos de prolongar al máximo esta etapa de relaciones personales.
La religiosidad bantú no excluye a ninguno de los antepasados, pero se centrará más sobre aquellos que no han entrado aún en el estadio de despersonalización. Más o menos los de las cuatro o cinco últimas generaciones; es decir, mientras viva alguien que los conoció personalmente.
Los muertos son los protectores de la familia clánica. De manera invisible pero eficaz, velan por la paz, prosperidad y bienestar de sus descendientes. Gracias a ellos, las mujeres conciben y dan a luz felizmente. La tierra produce abundancia de frutos. Los bosques se pueblan de animales y los estanques y ríos, de toda suerte de peces.
Ellos defienden al clan contra los malos espíritus, contra las hechicerías y venganzas de los enemigos. Día y noche son los protectores vigilantes del clan. «Los antepasados no duermen».
Se les atribuye también el papel de jueces. Son ellos los más celosos guardianes de las tradiciones y costumbres clánicas. Toda trasgresión de una ley ciánica es considerada como falta contra los antepasados. Ellos se encargarán de castigar al culpable de manera ejemplar. Son algo así como la policía invisible de la familia.
Cumplen fielmente la función de intermediarios entre Dios y los hombres. Se cree que su recurso a Dios es mucho más eficaz que el de los vivos, porque están más cerca de El.
CULTO A LOS ANTEPASADOS
Esta acción bienhechora de los antepasados pide una respuesta también a los vivos. No sólo para asegurarse su protección y ayuda, sino para alejar sus venganzas. Los muertos son terriblemente celosos de sus derechos y, al menor descuido, se dejarán sentir.
Por eso el culto a los muertos comienza ya con los ritos funerales. El lavado y unción del cuerpo, la exposición digna bajo un pequeño cobertizo de ramas de palmera, los cantos y danzas fúnebres... son ritos de veneración y respeto al difunto. Con ellos se confiesan vitalmente unidos al muerto y tratan de congraciarse su protección y ayuda.
Signos de este miedo reverencial a los muertos:
-La prohibición de mirar en el espejo retrovisor cuando conduces a un muerto. Tienes peligro de cruzar su mirada o su sombra sentada en el féretro. Y morir o volverte loco.
-La prohibición de salir de noche, cuando alguien ha muerto en la aldea. Encontrarlo te acarrearía desgracias.
-Prohibición para las mujeres encinta de ir a los cementerios. Quién sabe si el muerto, con prisas de reencarnarse, no hará mal al niño que se forma en el seno.
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