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NGANGA NGOMBO - EL ADIVINO
Es el tercer personaje del tríptico mágico. Reverso del brujo, es un protector de la sociedad. Su misión es descubrir esas fuerzas mágicas maléficas que actúan sobre el individuo o el grupo y revelar el origen de las desgracias que los aquejan.
Parece que estaría en estrecha relación con los muertos y hasta con Dios. Aunque no emplea fetiches, dictamina después de haber auscultado las fuerzas mágicas a través de objetos adivinatorios. Así, por ejemplo, examina atentamente las idas y venidas de un ratoncillo enjaulado o de una araña en su tela. Sacará las entrañas de una gallina blanca para su análisis clínico, o bien escribirá a los muertos cartas requisitorias o escudriñará el cielo como un astrólogo...
Los adivinos son los más cualificados detectives de los culpables de brujería. A veces los huelen con su propia nariz asomándola a una calabaza llena de agua en que ven reflejada su figura.
Eran antiguamente los jueces en las ordalías o pruebas del fuego o del veneno. Se le hacía beber al acusado veneno o agua hirviendo o se la derramaba sobre su cuerpo. Si se quemaba o fallecía en la prueba, era condenado como culpable. Si salía indemne, era inocente.
Aparte de estas técnicas mágicas, el adivino no descuida tampoco lo psicológico. Conoce perfectamente lo que pasa en cada aldea y antes del dictamen somete a sus pacientes a un verdadero «análisis psíquico».
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